viernes, 23 de enero de 2015

Del Evangelio del III Domingo Tiempo Ordinario (Ciclo B) Domingo 25 de enero

"Síganme, y yo los haré pescadores de hombres"

1.- El evangelio de hoy es muy parecido al de la semana pasada, en el sentido de que habla de la vocación y los protagonistas son los mismos, pero el que lo cuenta, el evangelista, es diferente, es San Marcos. De hecho, los evangelios que leeremos este año serán los suyos.

2.- Del evangelio de San Marcos podemos decir que es el que primero se escribió, que se basa en fuentes muy antiguas sobre los hechos y palabras de Jesús, y que, además de ser por esto el más antiguo y más cercano a Jesús, es también el más corto. De hecho, sería muy recomendable que buscáramos un rato para leerlo entero. No nos llevaría mucho tiempo y nos daría una visión general de cómo plantea la figura de Jesús, que después nos ayudará a ir entendiendo los evangelios en este tiempo ordinario. Además de que siempre es bueno leer y reflexionar la Palabra de Dios y buscar momentos en nuestro día a día para poder hacerlo.

3.- En cuanto al tema de la Palabra de Dios de hoy, nos sigue hablando de la vocación. Si la semana pasada la primera lectura nos presentaba la vocación de Samuel, hoy nos presenta la de Jonás. Y en el evangelio, volvemos a contemplar la vocación de los primeros discípulos: Pedro, Andrés, Santiago y
Juan.

4.- Podríamos reflexionar varias cosas sobre la vocación. La primera podría ser que Dios quiere comunicarse con nosotros, que nos habla y nos llama, y nos encomienda la tarea de hacerle presente entre las demás personas, a través nuestro. Otra cosa interesante podría ser que Dios nos habla y nos llama en la vida cotidiana, en el trabajo de todos los días, como a los primeros discípulos, que estaban pescando. También será interesante recordar que Dios no nos pide cosas extrañas, ni imposibles de realizar, o para las que no estemos preparados, sino que nos da las fuerzas necesarias para que lo podamos llevar adelante. Y un último aspecto, y es que Dios quiere contar con nuestra colaboración, con nuestra disponibilidad, que no hará nada sin nosotros, sin nuestro SI.

5.- Pero también convendría que cayéramos en la cuenta de que la vocación tiene también un carácter comunitario, es decir, que Dios no nos llama a nosotros solos, ni de manera individual, sino que lo hace en grupo, en comunidad, en Iglesia. Y la primera actividad que hace Jesús en su vida pública es formar un grupo para vivir el proyecto del Reino de Dios al que ha sido llamado por su Padre. No quiere hacerlo solo, no porque no pueda, sino porque el estilo de Dios es otro. Y cuando nos llama a cada uno, también lo hace con otros, para que nuestra acción sea comunitaria. Dios no quiere “francotiradores” que vayan haciendo “la guerra” por su cuenta. Dios nos llama a ser familia, hermanos, y a actuar de manera comunitaria, eclesial. La nuestra es una vocación comunitaria. Somos el grupo de los seguidores de Jesús, que hemos respondido a su llamada y queremos seguirle y darle a conocer, juntamente con otros, que han escuchado la misma llamada y realizan la misma tarea: anunciar la buena noticia del evangelio. Esas fueron las primeras palabras de Jesús: “está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed en el evangelio”. Y también su primera acción: “venid conmigo y os haré pescadores de hombres”.

6.- Todo esto lo podemos aplicar a nuestra vida, teniendo en cuenta que nuestro Plan Diocesano de Pastoral nos dice que cuidemos la “inspiración vocacional” de todo lo que hagamos, es decir, que caigamos más en la cuenta de que Dios está en la vida, en lo cotidiano, y que es ahí donde nos habla y nos llama (eso es la vocación, la llamada de Dios). Por tanto, en todo lo que hacemos está Dios llamándonos. Se tratará de estar atentos para oír su voz y responder con inmediatez, como lo hicieron estos primeros discípulos. Y responder comunitariamente, como familia, como Iglesia.

7.- Precisamente este sentido comunitario es el que queremos cuidar de una manera más general en esta semana de oración por la unidad de los cristianos que la Iglesia siempre nos invita a celebrar en este mes de enero. La unidad de todas las Iglesias cristianas será un signo de credibilidad para el mensaje que anunciamos. No responderemos bien a nuestra vocación comunitaria si estamos divididos. Y la unidad comienza por nuestras propias comunidades, por nuestras parroquias, que no vengamos aquí y nos sintamos como extraños, como desconocidos, cada uno sentado en su rincón y esperando el “podéis ir en paz” para salir corriendo, “no sea que el cura me pille para algo”. Nuestra vocación es más familiar, más fraterna. El Señor nos reúne cada domingo en torno a la Mesa y nos trata como a hermanos: “esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; esta es mi sangre… haced esto en memoria mía”. ¿Os imagináis a los discípulos en la última Cena mirando el reloj y esperando que aquello se terminara cuanto antes? Recemos y pidamos por la unidad de todas las Iglesias cristianas, empezando por la unidad de nuestra propia familia, de nuestra comunidad parroquial. (Autor: Por Pedro Juan Díaz)

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